miércoles, 17 de febrero de 2016

22 Miradas de Dios

     Hace 22 años el Señor me llamó a la vida, cada 17 de febrero he ido celebrando, junto a muy variadas personas, estas "miradas de Dios". Cada mirada de Dios es una mirada de ternura, de cariño, gracia, misericordia y paz, esto no deja que me desanime en medio de tantas ondulaciones en el camino de la vida.

     La mirada de Dios es una mirada eficiente, es una mirada que tiene poder de mover y auxiliar, no es vacía, sino llena de su infinito amor. Basta con leer el pasaje de la llamada de Levi «miserando atque eligendo» (lo miró con misericordia y lo eligió) o el amor con el que ve a Zaqueo o al hijo pródigo. Y hoy, también yo, vuelvo a sentir sobre mí esa mirada que me elige, que me anima, que me conforta, que me seduce y me conduce. De aquí que llame a esta entrada del blog 22 miradas.

     Mirada que llama. Me llamó a la vida, al cristianismo, a la santidad, al sacerdocio. Y cada día no deja de llamarme a todo lo anterior, aún más, me llama incluso cuando el pecado me ensucia y aleja de Él ¿cómo no estar agradecido con tantas muestras de amor?

     Hoy también agradezco el don de mi único hermano, cumplimos años el mismo día, ha sido algo grande en mi vida. El don de mis amigos y el de mi familia.

     Mi oración ha sido, es y será la misma del beato Álvaro del Portillo: «gracias, perdón y ayudame más».

jueves, 10 de septiembre de 2015

Dios Te Ha Mostrado una Gran Amistad

   El Siguiente artículo fue escrito por el P. Lee en febrero de 2015 y publicado en la revista Semetabaj de marzo del mismo año.
   Creo que este escrito puede ser considerado como un testamento espiritual. Es sabido que el P. Lee poseía una gran lucidez y profundidad intelectual, pero creo que este escrito no va en esa línea, sino que desarrolla la vivencia espiritual y humana a la luz de la fe católica que el estaba viviendo. Es un artículo de  mucha belleza, a continuación el texto íntegro.


Dios Te Ha Mostrado una Gran Amistad

    «Dios te ha mostrado una gran amistad…» Fueron las palabras que me decía hace poco un amigo sacerdote. Normalmente pensamos –porque es la experiencia humana que tenemos- que la cercanía y la amistad de Dios se manifiesta en las bendiciones que Él nos da. Son esos momentos cuando todo va bien, cuando en nuestra vida todo se mueve – ¡y de maravilla!- como las manecillas de un reloj, cuando hay sonrisas, cuando parecen ser todos los días primavera, cuando, incluso, puedes experimentar gracias especiales en tu vida espiritual. 

     Sin embargo, llega un momento inesperado. Has hecho planes. Tienes un sueño. Pero llega la noticia. El mundo se vuelca, de pronto, todo se viene abajo, o mejor, te vienes abajo, te sientes pequeño ante la inmensidad de lo que se avecina. Tristeza. Dolor. Llanto. Los porqués.

     El dolor y el sufrimiento humano –de tipo corporal o espiritual- constituyen una de las grandes interrogantes de la vida. No nos preocupamos por encontrarles respuesta hasta que nos toca, hasta que experimentamos “en carne propia” esta situación. Entonces nos lanzamos desesperadamente en busca de soluciones, de respuestas que alivien en parte la carga que hemos comenzado a llevar. Pero no hay respuestas humanas. Solo se podrá entender verdaderamente en “clave divina”.

     Todos recordamos aquella anécdota en la vida de Santa Teresa que –siguiendo la inspiración divina de re-fundar el Carmelo encontrándose con múltiples dificultades “eleva su queja” al Señor: -«¿Por qué me tratas así?». –«Teresa, yo trato así a los que quiero». 

     Es la manera con la cual el Señor se acerca a nosotros, como quiere hacer-nos partícipes de su Pasión, como quiere mostrarnos su amistad. Sí, Dios muestra su amistad a través del dolor y del sufrimiento. Es un entrar y recorrer con Él, el mismo camino, es compartir su misma suerte, es darse cuenta que en su sufrimiento y debilidad bajo el peso de la cruz estoy retratado. Y también en su Resurrección. «Nadie tiene amor más grande que el da la vida por sus amigos…»

     Esta lectura en “clave divina” nos hace ver con nuevos ojos el dolor. Una nueva visión de las cosas. Aquello que al principio parecía derrota –o un partido perdido- da un giro, porque “entran en juego” las virtudes teologales.
  
     Ahora lo vemos con ojos de fe. Ciertamente la fe no quita el sufrimiento pero nos da la seguridad – ¡la certeza!- de que en esos momentos somos objeto del gran Amor divino, nos ha “seleccionado” para afrontar una prueba de la cual saldremos vencedores. Y eso despierta la esperanza. Porque Dios no falla, no abandona, nos da la gracia –precisa- que necesitamos en ese momento. Dios no pierde batallas. Y se enciende el amor, la caridad. Sentimos la presencia de Dios que es Padre que me ama y que quiere que corresponda con amor. Está dispuesto a darme innumerables bienes, a purificarme, a través de la penitencia, de ese “camino espinoso”. 

     Y, después, los frutos. Porque el dolor, el sufrimiento es un gran “tesoro” –me lo decía en una ocasión un amigo sacerdote-. ¿Cómo aprovechar al máximo esta experiencia de fe? Es una pregunta que también nos hacemos. En primer lugar, sabiendo llevar con garbo esta cruz, con la convicción de que deja de ser “mi cruz” porque el Señor la toma sobre sí, Él es ahora el “Cireneo”.
  
     Y luego, la convicción que esto que “ahora” sufro será de gran bien para otros. Sorprende cuando algunas personas te dicen: «me he enterado de que la estás pasando mal y he rezado por ti». Y agradecemos que nos encomienden y se acuerden de nosotros. Pero ¿nos damos cuenta que a través de nuestro sufrimiento o dolor, esa persona ha hecho oración, se ha acercado un poco más a Dios? Una vez me escribió alguien: «Padre, yo soy un “vago” para rezar, pero ahora lo estoy encomendando». Sin duda alguna, hay siempre frutos, para uno y para otros.

     Dios da y ofrece su amistad de forma que rompe esquemas, aquello que parece algo malo en realidad es de gran bien. Y cuenta con nosotros, tanto la colaboración humana-material que está a nuestro alcance para salir de esa situación como nuestra correspondencia generosa a esta muestra de amor de parte suya.
  
     Visto el dolor de esta manera es otra cosa. En otro lado escribía una frase que me gustó mucho cuando la leí: «Poenae sunt pennae» un dicho latino que significa que las penas son alas. Las penas, el dolor, el sufrimiento ya no serán motivo de tristeza o de postración, al contrario, son alas para poder volar alto, para elevarte a Dios… 

Pbro. Lee A. Perén 


Foto que el P. Lee envió para ser colocada en este artículo publicado en Revista Semetabaj. En ella se ve al padre en la Plaza de San Pedro frente a la Basílica del Príncipe de los Apóstoles. Se hace patente la gran amistad que Dios ha tenido con él.


lunes, 7 de septiembre de 2015

Sacerdote y Amigo (IV): Vivencias Romanas

   Después de ser diagnosticada la enfermedad del P. Lee, se vio que lo mejor era que fuera tratado en Roma. Un año hace que él partió de nuevo a la Ciudad Eterna y, en palabras del P. Tulio, en el equipaje llababa "nuestro afecto y nuestras oraciones." Todos confiamos en poderlo ver entre nosotros sano de nuevo, mas los esquemas del Señor no son como los nuestros.

   A todos nos tocó  lo de su enfermedad, pero, desde el Obispo hasta el último feligrés de Patzún, confiamos y tuvimos harta esperanza en que Dios le concedería la salud.

    Yo no lo vi más desde agosto de 2013, sin embargo, mantuve comunicación con él, más o menos frecuente, en especial durante la etapa de su enfermedad.

  A mi me sigue sorprendiendo la serenidad y alegría, sobrenaturales ciertamente, con las que llevó la enfermedad. Me contaba que eran duras, pero que allí iba con la ayuda de Dios y con ánimo de sanar. Mi madre, enfermera, me contaba todo lo que traía consigo el tratamiento de la leucemia, eso a mí me hacía rezar más por mi amigo, ya que sí es una cosa dura.

    La etapa pastoral de noviembre de 2014 me tocó en Joyabaj, Quiché, específicamente en dos amplios sectores de aldeas, a las que visitaba una cada día. Esa pastoral fue muy dura y difícil para mí, pero no entraré en detalles. Le conté al padre mis penas y que las ofrecía por él, me agradeció y, sobre todo, me animó y también me ofreció sus oraciones. ¡Era increíble, uno terminaba siendo el confortado por él!

   En marzo de este año (2015) nos escribió un artículo para la revista interna del Seminario, Semetabaj, lo tituló "Dios te ha demostrado una gran amistad" (lo publicaré en este blog más adelante). Allí trató sobre su enfermedad y lo que significaba para él a la luz de la fe. Su lectura es muy bella, es algo así como su testamento espiritual. Al enviarnos su su artículo adjuntó un mensaje en el que me contaba que le seguía la hulla a "los patojos del menor, uno a uno" (eramos aquellos a los que nos había formado en su etapa en el Seminario Menor) y que rezaba por nosotros ¡siempre tan atento a los demás! 

   La noticia del trasplante fue muy alentadora, rezamos mucho; supimos de las complicaciones posteriores, rezamos más; vimos el rápido deterioro, rezamos aun más; supimos la trágica noticia y simplemente nos desgarró.

   Pienso que la vida del P. Lee este último año fue muy plena y hermosa, en medio de sus sufrimientos se le veía muy feliz y -al modo de Moisés después de hablar con Dios- muy divino; lleno de Cristo ¡con su mismo rostro! Tuvo una etapa romana muy particular y eso porque Dios le ha mostrado una gran amistad, tanto, que se lo tuvo que llevar muy pronto junto a él.

   Ahora ya no tiene "vivencias romanas", ahora tiene "vivencias divinas".

Foto que el P. Lee subió el 1 de julio, probablemente la última que se tomó y como siempre, muy sonriente.

El P. Lee junto al P. Tulio en septiembre del 2014 antes de partir a Roma para iniciar su tratamiento. Foto tomada del Facebook del P. Tulio.

Navidad romana del 2014, se le ve hinchado y sin cabello debido al tratamiento.

En la plaza de San Pedro frente a la monumental basílica vaticana en la que descansan los restos del bienaventurado Apóstol Pedro
Junto a a nuestro Obispo Gonzalo en la visita que éste le hizo en abril de 2015


Su última foto de perfil en su cuenta Fecebook

viernes, 4 de septiembre de 2015

Sacerdote y Amigo (III): De Rector a Amigo

   Año 2011, quinto bachillerato, último año en el Seminario Menor. El Padre Rector Lee nos daba más confianza, más responsabilidades y esperaba mucho de nosotros, creo que no le defraudamos.

    Nos encomendó la fiesta de San José y muchas otras actividades, todos trabajábamos y el no "sacaba el hombro" sino que cargaba junto con nosotros todas las actividades. Siempre estaba cerca.

    Me vienen a la cabeza aquellas notas del himno del Menor: 
Estudio, alegres canciones
aires de casa y hogar
cuna de mil vocaciones
el Menor de Sololá
    Ese ideal del Himno lo logró el P. Lee muy fielmente.

  Corrían rumores del traslado del P. Lee, todo se confirmó en agosto. El Padre se iba a Patzún al terminar el año, menos mal que ese año salía del Menor.

    La familia era muy importante para el P. Lee, siempre nos pedía oraciones por una "intención personal", era por su mamá.

   Se acababa la maravillosa aventura del Menor y el día de la clausura yo sabía que iba a ser doloroso dejar el Menor -nuestra casa- y a los formadores, especialmente el P. Lee. Llegó el día, se realizó el acto de graduación, se celebró la Santa Misa y ya tocaba irse. 

    Debo ser sincero, al despedirme del P. Lee y del P. Carlos Zet, lloré desconsoladamente, como un niño, y -mientras escribo esto se me hace un nudo en la garganta- recuerdo que el P. Lee me vio, sonrió y me animó diciéndome que siempre estaría para lo que quisiera y que seguiríamos en contacto, se acababa la relación rector-seminarista y empezaba la relación amigo-amigo.

   Claro que seguimos en contacto, incluso en el 2012, cuando estaba en el Introductorio nos invitó al Corpus de Patzún, él siempre contento y animándonos, fue una fiesta hermosa. Además me pude dar cuenta de su fructífera vida parroquial y de la "fuerza magnética" que poseía ¡todos le querían!

    Nos escribíamos, nos felicitábamos en nuestros cumpleaños, me animaba a seguir adelante en la aventura de la formación sacerdotal. Supe que en el 2013 se iba a estudiar y me alegré mucho, pues esperaba poder recibir sus amenas clases en el Trienio de Teología. La cosa no fue así...

    En septiembre de 2014 supe lo de su enfermedad, me entristecí mucho, pero tuve grandes esperanzas y empecé a encomendarlo al nuevo Beato, Don Álvaro del Portillo y puse toda mi confianza en Dios esperando la sanación de mi padre y amigo, y poderlo ver de nuevo y alegrarnos juntos.

La JDJ Santa Apolonia en el 2011. Muy contento junto al rector del Mayor, el diácono Manuel y algunos seminaristas

La celebración de su cumpleaños no. 30

Siempre nos llevaba la delantera y nos enseñaba con el ejemplo. Esa alfombra realmente fue hecha por los formadores, ellos se encargaron de arreglar la capilla y los seminaristas los pasillos, fue con ocasión de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.


En un rosario de la aurora con motivo de la Virgen del Rosario. En verdad daba gusto verle "ensotanado"

Al final de nuestra presentación de Seminario, él fue nuestro asesor. Testigo y solidario de nuestros desvelos.

En la última excursión juntos, fue en Xetulul en noviembre de 2011.

Algo de la alegría que irradiaba en su vida parroquial, fui testigo que en Patzún todos le amaban y él los amaba con el mismo sentir de Cristo Pastor


Corpus Christi de Patzún. 2012

Amaba mucho también al Seminario Mayor ¡Fue su casa durante siete años! Y antes de partir a Roma para iniciar los estudios, visitó el Seminario, celebró la Misa y nos animó a todos a luchar para formarnos y ser santos sacerdotes. Esta fue la última vez que lo vi.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Sacerdote y Amigo (II): El Inicio de Una Aventura

  Un año después de la ordenación del P. Lee, yo asistía a las convivencias vocacionales para ingresar al Seminario Menor. Mi párroco me había contado que el P. Lee era el recién nombrado Rector y que me recibiría, ¡y vaya recibimiento!

    Desde el primer momento me sentí acogido por el Rector y los formadores. En diciembre me dieron el sí para el ingreso al Seminario.

    Ingresé en enero del 2010 con apenas 15 años de edad, era un chico, un adolescente que quería confirmar lo que Dios le pedía y que necesitaba la ayuda necesaria para formarse y entregarse a Dios. Esa ayuda la encontré desde el principio en el P. Lee.

    La aventura comenzó, el profesor Francisco Alvarado decía en su discurso de inauguración de curso que, el Seminario era un avión en el que el P. Lee era el piloto y nosotros los tripulantes, y que él nos llevaría, con la ayuda de Dios, a puerto seguro. Y vaya si no lo hizo.

     Mi primer año en el Menor fue maravilloso, siempre encontré en el P. Lee un padre abierto y lleno de confianza, dispuesto a ayudar siempre y muy preocupado por nuestra formación. Aún recuerdo sus cariñosas, pero fuertes reprensiones, cuando las cosas no salían bien. Además, cómo olvidar sus amenas clases de filosofía, él despertó en mí la capacidad de asombro, el ser filósofo.

    En la siguiente anécdota pondré de relieve su calidad humana: era la fiesta de San Lorenzo, mártir, y yo fui el lector. Resulta que celebró el P. Lee y yo no leí la lectura de la fiesta sino la del día. Al finalizar la Misa él me llamó con voz fuerte y, frente a los que estaban en la sacristía, me reprendió duramente por mi falta en la liturgia, me sentí apenado y recibí su reprensión, para nada me enojé. Después del desayuno el me llamó a su oficina y me ofreció disculpas por el modo en el que me llamó la atención...eso fue desgarrador, no me sentía digno de esas disculpas, pero las acepté y aprendí una enorme lección de humildad.

    Ese año fue grandioso, me formé muchísimo (devociones, a orar mejor y eficazmente, a amar más a la Iglesia, al Papa, al Obispo, la Eucaristía, el sacerdocio, la Virgen y a San José -él le tenía una gran devoción-), aprendí tanto, y me di cuenta de la pasión conque el P. Lee hacía todo. Y es que el alma de todo lo que él hacía era Dios y su íntima y amorosa relación con Él, eso se veía, se sentía.

El Miércoles de Ceniza de ese año: sabía que nuestra formación espiritual de esos años era fundamental.
 3 de julio, su cumpleaños no. 29. Era un aficionado del Real Madrid, de ahí el regalo que le hicimos sus seminaristas

El desfile en honor a la Virgen de la Asunción. Toda la familia del menor, ese día él estaba muy contento por lo bien que había salido el desfile, el Menor no participaba desde hacía años.

Los "profes del Menor" -como le gustaba decir- y el equipo de formadores de ese año 2011.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Sacerdote y Amigo (I): Aquella ordenación

   Quiero retomar este blog con una serie de memorias en torno al recién fallecido P. Lee Adler A. Perén Cutzal.

    En el año 2008 yo recibía la formación para el sacramento de la Confirmación. En ese año hubo mucho movimiento en la Diócesis; año Santo Catedralicio, bodas de plata sacerdotales del Obispo, ordenaciones. Una de las grandes celebraciones fue la ordenación de ocho diáconos y seis sacerdotes, entre los que se encontraba el P. Lee.

    La ordenación se llevó a cabo en el estadio municipal de Tecpán, todas las parroquias de la Diócesis asistieron y colaboraron en una larga alfombra que iba del templo parroquial al estadio. Yo iba en calidad de parroquiano zaragozano para hacer la alfombra y presenciar un suceso que cambiaría mi enloquecida vida para siempre.

  Amenazaba con llover, yo estaba como a veinte metros del presbiterio, sonaba el Pueblo de Reyes y se veía el humo que presidía la procesión que se acercaba. ¡Nunca había visto tantos sacerdotes juntos! y además ¡un Obispo y un Arzobispo!...estaba anonadado, pero lo más sorprendente fue ver a aquel alto  aún- diácono con cara de niño, era mi querido P. Lee. Nunca me imaginé cuánto iba a marcar mi vida aquel sacerdote.

   La celebración fue de lo lindo y allí patenté que Dios me llamaba a ser de esos que estaban en el presbiterio.

  No se me ha borrado de la memoria aquel día hermoso y aquella primera vez que vi al P. Lee.

   Así fue como conocí a aquel que sería mi padre y amigo, y que ahora se nos ha adelantado a la Patria Celeste.


Lugar de la ordenación en el estadio de Tecpán

Momento de la postración


Momento de la entrega de las ofrendas al nuevo Presbítero: el P. Lee

Los nuevos presbíteros después de la ordenación. El primero de la izquierda es el P. Lee, tenía 27 años



jueves, 16 de abril de 2015

Una vida vuelta a Dios

     Nacido hace 88 años en Marktl am Inn, Joseph Ratzinger ahora Benedicto XVI iniciaba una vida que desde sus primeras horas (nació un Sábado Santo y fue bautizado unas horas después) ha sido dedicada por completo a Dios,  ya lo decía él mismo «una vida en la que Dios está ausente acaba destruyéndose a sí misma».

     Desde que este bábaro subió al solio de Pedro,  su vida fue muy conocida, ya se sabía algo de él en virtud de sus grandes obras teológicas y de sus grandes cargos como Arzobispo de Münich y Freising o como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, pero a partir del histórico día en que fue elegido sucesor de Pedro todos las miradas se han volcado hacia él.

     Quienes hemos leído algunas de las biografías de este hombre de Dios,  hemos tenido claro que toda su vida ha sido vuelta a Dios, de cara a Él. Su vida ha estado siempre,  como el sacerdote en la Misa,  de cara al crucifijo,  de cara a Dios. Es, como dice su biógrafo Peter Seewald, una vida para la Iglesia.

     Su vida, estudio, magisterio y enseñanzas las considero un gran tesoro para la Iglesia y para el Mundo. Hoy en el día de su cumpleaños rogamos al Señor para que en estos últimos años de su vida, permanezca junto a Él,  le guarde y le prepare para su encuentro definitivo con el que ha sido la meta de su vida: Jesús de Nazareth.

     ¡Felicidades Santo Padre!



viernes, 27 de marzo de 2015

¿Por qué Le queremos?

     ¡Qué será lo que nos mueve a querer al Señor, qué es lo que nos mueve a decirle que le amamos? muchos opinan que nos interesa seguir a Jesús por el mero afán de conseguir algo al final de nuestra vida, para justificar nuestra existencia, para estar bendecidos y protegidos, en fin, se dice que somos unos interesados y por eso decimos que amamos a Dios. Dios debe ser amado por Quien es, porque estamos finalizados hacia Él. 

     La Santa de Ávila, Teresa de Jesús, por cierto; mañana será el V centenario de su nacimiento, nos dice en una hermoso soneto, el motivo que debe guiar nuestro amor a Dios.

No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido, 
ni me mueve el infierno tan temido 
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 
clavado en una cruz y escarnecido, 
muéveme ver tu cuerpo tan herido, 
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, 
que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera, 
pues aunque lo que espero no esperara, 
lo mismo que te quiero te quisiera.


miércoles, 18 de marzo de 2015

El Humilde Carpintero

   Hemos iniciado la celebración de la Solemnidad del Varón Justo: San José. Es una celebración muy entrañable en la Iglesia, todo el orbe católico se alegra y detiene su mirada en la figura del humilde carpintero de Nazaret. 

  Todos los que le vemos nos preguntamos cómo pudo ser el padre y formador de el Dios-Hombre, claro no encontramos más respuesta que la pura gracia de Dios y buena disposición del Santo Patriarca; por algo le llamamos el Varón Justo que amó el Señor.

   En lo personal no deja de impactarme el hecho de que Dios se haya sometido al magisterio de un hombre, por más santo que éste fuera. Pero allí me doy cuenta que el Señor siempre sigue confiando en nosotros, pobres criaturas. Por esto venero tanto a José, él supo responder al don inmenso del Señor que le encomendó la custodia del mismísimo Verbo encarnado y la purísima Virgen María.

   Fue, José, un hombre humilde, sin historia, de espalda a los laureles, pero así escaló los niveles más altos de la gloria. Nosotros nos asombramos al hacer memoria de los que le hizo ascender hasta el solio de gloria: su hogar, su oficio y Dios como razón.

   En lo ordinario José encontró la santidad, en lo oculto. Oh glorioso Patriarca, concédenos encontrar también así la santidad que tanto deseamos.

   San José, ruega por la Iglesia, el Papa y las vocaciones sacerdotales.


Imagen del Santo Patriarca venerada en el Seminario Menor de la Diócesis de Sololá-Chimaltenango, del cual es Patrono

domingo, 8 de marzo de 2015

Mujeres...

     Todos hemos experimentado la presencia de alguna o algunas mujeres en nuestra vida, mamá, la Virgen, la abuela, tías, amigas, etc. Esto es porque la mujer ocupa un lugar especial en la vida de todo ser humano.

     En los últimos años se ha destacado cada día más el papel de la mujer en la sociedad, pero si vemos en el pasado nos daremos cuenta que la mujer siempre ha jugado un papel principal en todos los ámbitos de la vida humana.

     El Génesis dice que el genero humano fue creado hombre y mujer y vio Dios que era bueno y los bendijo. Por ende, hombre y mujer tienen la misma dignidad, pero claro es que cada uno juega un papel diferente en la dinámica humana.

     La experiencia de la mujer nos hace decir y reconocer con gratitud el hermoso regalo de la feminidad al genero humano.

     ¡Felicidades a todas las mujeres, se les quiere y se les necesita!

domingo, 22 de febrero de 2015

Memento homo...


   Meménto, homo, quia pulvis es, et in púlverem revertéris. (Recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás). Con estas palabrs la liturgia nos iniciaba, el pasado miércoles, a uno de los tiempos fuertes de la Iglesia, el tiempo de Cuaresma.

    La cuaresma que la Iglesia nos ofrece para nos dediquemos con más ahínco a nuestra renovación interior, un tiempo en el que debemos volver la mirada a Cristo y a nuestros hermanos. Mirar aquel amor inmenso que el Dios hecho hombre ha tenido para con nosotros; un amor que le movió ha hacerse uno como nosotros y morir por nosotros.

   Este año el Santo Padre Francisco no ha invitado a vivir la cuaresma fortaleciendo el corazón, y fortalecerlo para no caer en la cultura imperante de la indiferencia, sino, acercarnos al hermano de y no dejarnos en el egoísmo y la seguridad que nos alejan del necesitado.

  En este tiempo es de suma importancia la recepción del sacramento de la Penitencia y el de la Eucaristía, de modo que podamos ser fortalecidos y unidos al Cuerpo de Cristo en el que no hay lugar para la indiferencia, pues "Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26)."

  El Señor nos pide que volvamos el corazón hacia Él y así corresponderle al gran amor que tiene por nosotros. De modo que sepamos vivir con el corazón puesto en Dios y por Él, en los hermanos.

   Ojalá Dios nos de su gracia para poder salir de la indiferencia y escalar la cuesta cuaresmal para llegar a la Pascua con un corazón de cristiano, de hermano de todos, viviendo siempre en constante fraternidad como Jesucristo nos ha enseñado.


Ceniza que nos recuerda lo poco que somos: polvo.

Imposición de la ceniza al Santo Padre.


lunes, 16 de febrero de 2015

El don de la vida

     «Dad gracias al Señor porque es bueno: porque es eterna su misericordia» Sal 135. Hace veintiún años en el Hospital de Maternidad Pamplona, me dio a luz mi madre y el Señor, por pura misericordia, me concedió el bello don de la vida.

     A esta edad, corta aún, repaso los años vividos y , aunque ha habido tropiezos y dificultades, soy consiente de la presencia bondadosísima del Señor en ellos.

     ¿Qué sentimiento me embarga? Pues, una gran gratitud a Dios, ya que gracias a Él he llegado a esta edad sin ninguna dificultad considerable y, aunque pecador indigno, muy lleno de sus bendiciones.

     Mi oración se eleva igual a la del beato Alvaro del Portillo «gracias Señor, perdón y ayudame más Se que Dios nunca me dejara solo en el camino que me queda por recorrer y a los que lean estas humildes lineas, les invito a unirse a mi acción de gracias por el maravilloso don de la vida.

     Antes de olvidarlo, quiero comentar que cuando cumplí seis años mis papas me dieron un gran regalo: un hermano, sí mi hermano Javier también cumple años hoy. A él lo felicito y lo tengo en mis plegarias.

     Celebro este cumpleaños en mi amada casa del Seminario junto a mis compañeros y hermanos en las vísperas ya de la Cuaresma. Espero que cada día de mi vida pueda lograr una hermosa alabanza a mi amado Dios y a mis hermanos, a ver si se logra.

San José, San Francisco Javier, Santos Servitas: rueguen por nosotros.